en esta estrofa un emigrado alemán
soltará sesenta estorninos pintos
en Central Park por querer traer a USA
todas las aves de las que canta Shakespeare
en esta segunda estrofa y la que le sigue
esos estorninos histriónicos se multiplicarán
como las maldiciones escupidas por payasos
shakespearianos—forúnculos todos en las nalgas
de lacayos, hambrientos hijos de perras
abandonados y dados a mamar la orina de toros
todos sois la bolsa de vicios y falsedades
que los inquisidores esconden bajo la cama
en esta última estrofa el poeta recobrará un mínimo
control de su poema para juzgar ese deseo más literario
que ningún otro y que devendrá en catástrofes ecológicos
—no hay lugar en este mundo para ninguna utopía