Homenaje al Gabo

Visité Macondo
alguna vez
y ayudé a Úrsula
a organizar recuerdos.
Conocí del mítico falo
y sus tatuajes
en la cama de Pilar Ternera.
Viví la crónica anunciada
de una muerte;
supe de un magnífico ahogado
y de las alas enormes
de un señor muy viejo.
De la cólera en sus tiempos, yo amé
a lo Romeo y Julieta,
o aún mejor,
en tiempo añejo,
disfruté la memoria
de mis putas tristes
y seguí huellas de sangre
en la nieve.
Fui militar,
sin recibir correspondencia.
En fin, te leí, Gabo,
y puedo ya morirme.

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