¿Se puede en verso o nota contener
la risa que florece en la mañana,
el eco de una infancia tan lejana
que aún canta sin quererlo, sin saber?
Un pájaro pronuncia el renacer
del tiempo, y en su voz todo se hermana:
la luz que en una armónica se afana,
la brisa que se atreve a responder.
La boca ríe, el día se detiene,
el viento escribe en ramas su discurso,
y el mundo es sólo un juego que conviene.
No hay verbo que comprenda tal recurso:
después que ríe un niño, todo suena
como un milagro vivo y sin discurso.