Viene la noche, y allá lejos, cruzando las palmeras, el huracán avanza sobre el golfo. Escucho al
viento silbar, y meterse entre las rendijas de la casita de palma.
Adentro, la lámpara de aceite me ilumina apacible.
Las higueras rechinan al mecerse, y las ranas de la laguna auguran el aguacero.
Adentro, el gato naranja se acurruca bajo el fogón de la cocina, la leña aun humea y nos presagia
una noche cálida.
Las monolíticas olas se estrellan contra las rocas, y estallan en crestas de agua fría bajo el cielo
relampagueante.
El perro suspira asustado bajo la cama, y yo le digo que no pasa nada.
Los ríos se desbordan, y los caimanes huyen de las lagunas para no ser arrastrados hasta el mar.
Yo apago la lámpara, me acurruco, y me duermo en la casita de palma.
Veracruz, 1988.
Huracán Gilberto.
