En manos de semidioses

                           Un bálsamo precioso destila de tu mano,
                           como un haz de adormideras.
                                             Novalis

Sabe o intuye el poeta que alguien
desde el insomnio en lontananza
rumia sus versos a medianoche?
Y aunque no le conoce ni empuña
la vergüenza de gruñir el destino,
es cómplice y verdugo de su huída
en el barro de sus letras?
Así son los que se aduermen
en el esputo de otros hombres,
y dan rienda suelta al bálsamo
con que se abren las puertas
a los heraldos de la noche,
aunque a veces el arte sea un bote
en fatigas en el centro del agua.
Y de un golpe seco se apropien
del aliento que se cree descifrar
en las columnas simientes de Novalis,
para volver en el hueso roto
clavado en la sien del insomne.
Sabe el poeta que pierde terreno,
pleito en el humo de las hojas
cuando el verso se echa a su suerte
y no hace concesiones ni al fuego
que de prisa va quemando adormideras
en las manos de los semidioses.
Poeta no es quien desangra el poema,
sino quien toma y deja sudando
a la palabra sobre la herida del lector.

 

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