Medicamento, un corte al peluquero

La larga espera por el médico
es la corta angustia con el peluquero.
Hay que sentarse y distraer la mente
de aquello que te duele, de aquello que te sobra
y que ya no quieres ver.

Etiquetas viejas, el periódico de ayer vuelto hoy
al ver entre sus hojas unos ojos de dolor:
el descabezado, un privado de la vida atrás del teibol,
fundillo cósmico, el hijo eterno de los eternos chiles…

Pausa ansiosa, mirar de reojo al de la navaja
que persigue a los piojos porque son tan cortos que
no tienen sombra, como sus ideas…
Cruzar la pierna, la rodilla inquieta que aguarda
por la grave seriedad y la incipientemente,
inminente, ansiosa, asepsia prolongada
en los muros de papel, las batas de algodón
y los guantes de látex.

Las luces de la calle que iluminan amarillas,
lagañosas,
las banquitas de madera, de acero y de triplay,
que sostienen tus dos nalgas mientras quedas con los ojos sobre la
perilla y los oídos sobre el llanto tras la puerta.

Los mirones, esos ojos de vereda que entre luces, lucecitas, series
navideñas, ven al malo, al malito, al mechudo y al pelón en concierto
de sillas, pelos, jarabes y jabón esperar desesperados por un nuevo
aliento, por un nuevo look.

Doctor: me duele el pecho porque me falta el corazón.
Mi panza me arde porque muero de dolor;
señor, no quiero el fleco porque ya hace mucho calor.
No quiero verlo porque ya se me pasó la moda, esa moda de ese artista
que canta esa canción.

Aquellos que miran te ven sufrir y no saben qué corte quieres,
qué te harás.
Los que esperan no saben qué llevas,
ni qué te duele
ni cómo le harán.

Un corte moderno de futbolista, el nuevo del nuevo artista.
Permanente, despuntado, descabezado.
Un dedo en el fundillo, un gancho en la nariz,
más medicamentos para el hígado porque
el estómago ya no existe ni quiere existir…
Cuando salgas a la calle con tu bolsita llena de pastillas que no funcionarán,
cuando llegues a tu casa todo trasquilado y con un corte del que se reirán,
sabrás que al final,
la larga espera por el médico
         es la corta angustia con el peluquero.

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